30/04/07
Estarás todavía dormida en nuestra cama, con los labios resecos y el pelo enmarañado. Te mirarás al espejo después de echarte un buen golpe de agua en la cara y te peinarás con pocas ganas antes de prepararte el desayuno. Quizás Brus ya te haya acompañado un rato en la cama. No entiende que siendo la hora que es todavía estés metida en la cama, pero él también sale beneficiado y aprovecha más tiempo para olisquear mis babas durmiendo sobre mi almohada. Estarás a punto de darle el primer bocado al pan cortado en esas máquinas que tanto gustan a los niños. Pasas el pan entero y lo sacas hecho rodajas; todas del mismo tamaño. Los niños que acompañan a sus padres a comprar ese pan seguro que se quedan alucinados delante de la máquina que corta el pan en rodajas. Le pondrás una buena cantidad de tomate, aceite y una pizca de sal; luego viene el pavo y cerrarlo como si fuera un tesoro que pronto desaparecerá dentro de tu cuerpo. El olor a café ya saldrá de la máquina que más hemos aprovechado de la cocina. La taza beige que nos regaló el loro de mi jefa también está durando lo suyo. Es lo único bueno que me llevaré de éste agujero gris en el que estoy ahora metido. Suerte que mañana es fiesta y yo podré ver toda esa secuencia que estoy rebobinando en mi cabeza. Una mañana de fiesta en la que tú estás solita en casa y yo estoy trabajando en el sitio equivocado. Igual te comes el bocadillo de pie, con la mirada penetrante de Brus haciéndote sentir malvada por no darle un trozo de tu bocadillo. Le alargarás la mano y el tío se quedará quieto hasta que sea tu brazo el que se acerque a su boca, y no su boca a tu mano. Puede llegar a ser el perro más vago del mundo, aunque si le dices las palabras mágicas de: “Nos vamos arriba”, con la entonación justa, empezará a dar saltos de alegría y chocará sus patas contra la puerta y te mirará con una ligera sonrisa en sus ojos. Te quedarás saboreando el mejor café del mundo y mirarás a la ventana de la cocina con la cortina amarilla todavía bajada. Alguno de los vecinos viejos del bloque de enfrente estará asomándose para comprobar el tiempo que hace. Una vez que tu boca sepa a café descafeinado (el del envoltorio azul) me llamará por teléfono para decirme que me echa mucho de menos. Y yo, sentado en una de las sillas incómodas de este agujero gris, escucharé tu dulce voz de la mañana saboreando desde las lejanas líneas de teléfono, el sabor suave de un café que tendría que compartir siempre contigo.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home