Saturday, May 05, 2007

05/05/07

Seis años. Un mundo entero en nuestras manos y muchos recuerdos que me vienen a la cabeza. Las lluvias de los días anteriores a la boda; la inflamación de mi cara aquella tarde en casa de tus padres cuando me tomé un vaso de zumo de melocotón y se me empezó a inflar una parte de la cara; ¿te acuerdas que tuvimos que ir a urgencias y todo?; el médico diciéndome qué sé yo sobre los nervios y una especie de obstrucción en donde se genera la saliva. Eso era lo que me faltaba, quedarme sin saliva para no quedarme sin voz al verte entrar por la iglesia. La iglesia. Ahora la veo cada día cuando paseo a nuestro hijo peludo y a veces me acuerdo de la espera en la puerta. Un montón de gente que no conocía y que me saludaba, o quizás si que la conocía, pero yo no quería ver a nadie más que a ti. Verte entrar por la puerta de la iglesia como te vi y hacer que se me saltaran las lágrimas al verte tan guapa. La Más Guapa. No existen adjetivos para realzar tu belleza de aquel día. Eras la luz que hizo que las lluvias que prometían los meteorólogos para ese día se pasaran a la tarde y fastidiara las bodas de los que prefieren ir de marcha y cenar, y que dejase la mañana con el cielo limpio para intentar luchar contra la belleza de tus ojos azules. Perdió otra vez el cielo. Cada día pierde esa batalla contigo, por eso se enfada y llueve cuando yo salgo a pasear al Brus, porque te tiene tan envidia y rabia contenida que intenta hacerme a mí la puñeta con la lluvia oportuna cada vez que salgo, pero no nos vencerá. El cielo tiene perdida esa batalla contra ti. Más recuerdos imborrables de este sábado de hace seis años: los nervios de mis padres, las caras sin rostro de la gente, la comida que estaba deliciosa y no pudimos saborear; los ramos de flores que teníamos que entregar a las parejas que se iban a casar en el futuro; las flores a nuestras madres; los abrazos, más lágrimas que ningún otro día de mi vida. Más felicidad imposible. Luego llovió para intentar fastidiarnos. Otros dijeron que nuestros pasos de baile no eran demasiado profesionales, pero nos daba igual, ya estaba casado con la mujer que amo. Con la única que me llevará en mi vida al altar de una iglesia y le ponga un anillo en el dedo anular de su mano izquierda. La única que me hace feliz. La única que deseo que este a mi lado el resto de mi vida. Mi esposa, mi cómplice, mi sonrisa, mis ojos azules, mis caricias bajo las sábanas, mis manos frías calentándose en mi barriga…Mi musa, mi todo. Tú. Mi amor. Te quiero.

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