Monday, May 14, 2007

14/05/07

Me suda la espalda, los mocos salen verdes, en tropa masificada y tengo la cabeza como si llevase dos semanas siendo el camarero de una discoteca de Ibiza. No creo que esté en mi mejor momento para enfrentarme a mi primera entrevista de trabajo en serio. Las otras habían sido aproximaciones que me sirven de entrenamiento, pero las buenas empiezan ahora. Y qué mejor manera de tranquilizarme y no pensar en mocos, sudores o preguntas que me vuelvan loco que escribirte. Un poco. Quizás solo para que durante unos pocos minutos (los que tardes en leerte esto) no estés leyendo tu libro número seis y empieces a coger ventaja en nuestra lucha titánica de lectura de libros. Sea por una cosa o por otra, necesito escribirte. Necesito saber que vas a leer algo mío cada día. A veces es difícil encontrar un tema del que hablarte, pero una vez que encuentro la primera frase ya no hay quien me pare. Es como hablar contigo, pero sin disfrutar de tu mirada. Una pena. Ahora me han dejado de sudar la espalda y los mocos parecen que se han relajado. Esto de pensar en ti funciona. Una vez que llegue a la entrevista y tenga delante de mí al tipo (o tipa) que me empiece a preguntar por mi vida laboral, por el motivo por el cual quiero cambiar de trabajo o por lo mejor que haya echo en mi vida, siempre pensaré en ti. Quiero cambiar para ser mejor marido, para que estés orgullosa de mí, y lo que tengo claro que respondería si me dicen “Cuál ha sido la situación o cosa de la cual está más orgulloso”, sin dudarlo le responderé que haberme casado contigo. Que aunque cambie mil veces de trabajo, jamás te cambiaré por nada en el mundo. Porque tú lo eres todo para mí. Te quiero.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home