06/06/07
Todavía debes estar mirándote al espejo de casa por la hora que te escribo esto. Yo estoy sentado en clase de cocina escuchando las explicaciones del profesor, que esta preparando una pasta para hacer un postre que no parece muy aconsejable para los que quieren perder peso. Más tarde mi ropa olerá al frito de cada martes, pero no estarás en casa para decírmelo. Y tú olerás a flores metida ya en el coche que te lleva al concierto con mi hermana diciéndote que por allí se llega antes o que ya vais demasiado tarde. Ya te echo de menos y eso que sigo sentado en el taburete de clase de cocina. Estoy a punto de probar el postre anti dietas y ya he podido escuchar tu voz un par de veces. Aunque me has dicho que todavía no has podido aparcar el coche, sé que llegaréis a tiempo para escuchar a los tres intérpretes de la noche y pasarlo bien. Mi ropa ya apesta en el paseo con Brus por el barrio y te oigo hablar con el jaleo de un lavabo de chicas esperando el turno para hacer sus necesidades. Mucho ligoteo para todas menos para ti, que ya me tienes atrapado eternamente. Te echo de menos y no sé si me apetece esperar toda la noche para verte. Sería capaz de irte a buscar para que me dieras el beso de buenas noches antes de meterme en la cama. Un café cargado y un par de galletas compartidas con Brus para hacer la espera menos dura. La televisión ya ha dado todas las series que quería ver y tú sigues sin venir. Debe faltar poco para la última canción cuando mis ojos ya empiezan a cerrarse. Me tumbo en la cama vacía sin ti con el teléfono bien cerca por si tengo que salir disparado a buscarte. Un mensaje me tranquiliza para decirme que ya sales del concierto. Luego otro me dice que ya estás a punto de entrar por la puerta. Brus esta intranquilo y no acaba de pillar el sueño. Yo tengo el capuccino en el centro del cerebro con los ojos abiertos de par en par. Disimulo haciéndome el dormido cuando entras por la puerta tan guapa como siempre. O quizás un poco más si eso es posible. Te sientan bien los vaqueros, y la camiseta marrón, y el tanga negro y ese sujetador que te arrancaría ahora mismo, pero tu llegada me ha relajado y ahora que sé que estás en casa solo quiero que me digas que todo ha ido bien y que me has echado un poco de menos. Los ojos han vencido a la cafeína y se relajan tanto que consigo dormirme. Con tu pelo cerca de mis dedos, para saber que sigo durmiendo con la mujer más bella del universo.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home