04/06/07
Hace días que no te cuento nada. Acabo de hablar contigo por teléfono para oír tu voz y coger un poco de energía para cuando esta tarde me digan que “no soy el candidato ideal para el puesto en Stenco”, no me afecte. La verdad es que no sé porque me tiene que afectar tanto algo que no ha sucedido. Eso es de una canción, verdad; de tu fan Conchita, que creo que dice algo parecido: “Como llorar por algo que no ha sucedido...”, o algo así. Pues eso. Que para que voy a seguir con ésta pose de trauma y castigo por no conseguir algo que no ha sucedido. Ellos se lo pierden y punto. Además, yo te tengo a ti y eso es lo máximo a lo que puedo llegar en mi vida. Ni laboral, ni familiar, ni emocionalmente, podré llegar nunca a sentir algo tan fuerte como lo que estoy sintiendo contigo. “Qué no me quiere, pues ellos se lo pierden”. Por eso necesito escuchar tu voz y saber que me dirás algo bonito, algo bonito...(esto no lo dice también tu fan Conchita, debo tener el disco metido en la cabeza de las veces que lo he escuchado yendo contigo en el coche, pero igual que tú me lo dijiste una vez el domingo mientras escuchábamos una canción de Sabina y me dijiste que “no estaba mal”; yo también te lo digo una vez y reconozco que tu fan Conchita tiene canciones que “no están mal”).
Ahora solo me queda dejar pasar el tiempo hasta que lleguen las cuatro y poco de la tarde. Tú ya te habrás marchado a tu trabajo después de la siesta y la comida del mediodía. Yo me sentaré delante del ordenador y buscaré el número de Stenco. Marcaré y a los pocos tonos me saldrá una voz aburrida preguntándome qué deseo. Le pediré que me pase con la jefa del laboratorio para saber cómo va el proceso de selección y la vieja jefa del laboratorio me dirá que “lo siente mucho, pero que ya tenemos a un candidato para el puesto del laboratorio”. Yo respiraré aliviado por no tener que esperar ni un solo día más para saber lo evidente y te llamaré enseguida para que me digas “algo bonito, algo bonito...” y me animarás tanto que a los pocos minutos ya no me acordaré ni del nombre del laboratorio, porque ya tendré a otro en la cabeza para cambiar de trabajo, sabiendo que tú me seguirás apoyando y diciendo cosas bonitas cada vez que lo necesite.

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