17/11/06
Esta noche he descubierto que mis babas tienen un potente anestésico que me deja completamente dormido. Ya has visto que puede pasar por encima de mí un tractor amarillo, un trasatlántico de Costa Cruceros o una manada de elefantes. Nada me despierta. Ni siquiera un beso tuyo o una caricia me hubiese despertado esta noche. Ni un codazo en la espalda o que me hubieses retorcido la rodilla mala, nada. Creo que lo único que podías hacer era levantarte tú a apagar los televisores de casa, parar la secadora y decirle a Brus que se dejase de rascar o de chupar las patas, mientras yo seguía regando mi almohada de las fatídicas babas con anestesia. Igual tendría que patentarlas y hacernos millonarios con un nuevo medicamento del que solo yo tuviese el principio activo. Soy un oso dormilón que debería estar más atento si dentro de poco nos tocará turnarnos en estar pendientes de lo que nuestra chinita nos quiera pedir a media noche. Ya veo las discusiones al día siguiente, con tus ojeras de verdad debajo de tus preciosos ojos azules suplicándome que “esta noche te toca a ti levantarte; ya estoy harta de darle un vaso de zumo de melocotón a la niña”, o algo por el estilo. Tendré que dejar de segregar babas con anestesia para ser yo quien apague los televisores por la noche, desconecte la secadora o le diga a Brus que deje de dar paseítos por el parquet o rascarse las patas para que tu cabeza descanse por la noche. Otra solución sería que todos los días fueran sábado sin pintura y yo tuviese que venir a trabajar. Entonces tu podrías dormir desde las siete de la mañana hasta las diez o las once sin que nadie te molestase. Brus ya habría salido a pasear y no tendría ganas de rascarse ni de hacer nada que no fuese tumbarse encima de la manta que hay en tu sofá. Pero hasta que eso no pase (quizás debería patentar mis babas y hacernos ricos), tendrás que acostumbrarte a apagar los televisores los días que hayan dos series para grabar y tendrás que ser tú quien le digas al Brus que deje de rascarse. Los futuros zumos de melocotón de nuestra chinita nos lo turnaremos cada noche. Una noche tú y otra noche yo. Un beso sin babas.

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