14/11/06
Y allí estaba mi princesa de ojos azules, delante de la doctora y con la voz a punto de quebrarse por todos los males que asolaban su cuerpo. Yo me sentaba siempre en el mismo lado. Pasaba siempre que entrábamos en una consulta médica. Ella a la derecha y yo a la izquierda. Era como si nuestras supuestas ideas políticas tuviesen algo que ver. Pero ahora ella empezaba a aceptar más ideas de izquierda y yo empezaba a entender sus ideas de derecha. La política nunca supondría un problema para nosotros.
La doctora asentía con la cabeza al darse cuenta enseguida que la princesa necesitaba los cuidados de un príncipe encantado como yo. Los ojos de doctora decían: “Lo que necesitas es besar a la rana que tienes a tu lado y dejar que aparezca el príncipe que hay dentro”. Yo entendía esa mirada y se lo dije al oído a la doctora cuando la princesa salió al lavabo para hacer pis en un bote de tapón rojo. Me dijo que la princesa iba a convertirse en la mejor madre del mundo. “Si no está embarazada ahora, algún día no muy lejano, lo estará. Es muy joven y guapa para no estarlo alguna vez (o muchas) en su vida”, terminó de decirme la doctora antes de que la princesa de ojos azules entrase de nuevo al despacho médico. La doctora comprobó si la orina marcaba ya el nacimiento de nuestro primer bebé, pero la orina es demasiado lista (o quizás demasiado tonta) para decir lo que esperábamos. Y lo que esperábamos está de momento en China. En un país sin reyes que dentro de poco conoceremos la princesa de ojos azules y yo: la rana con el interior de un príncipe de cuento. Nuestro primer hijo estará al cuidado de unas señoras buenas que esperarán que nuestros abrazos y besos cubran a otra princesa, la princesita de ojos rasgados, y la podamos traer a nuestra casa. Nuestro castillo encantado que pronto se llenará de niños y niñas que nos llamarán papás y a los que querremos con locura. Entonces todas las orinas de la princesa dirán que sí y la rana en la que estoy metida se convertirá en un guapo príncipe que te querrá toda la vida.

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