Wednesday, November 08, 2006

08/11/06

Existe una leyenda falsa que dice que los hombres nacieron con los pies más calientes que las mujeres para poder calentar las sábanas de las camas matrimoniales y hacer que las mujeres sintiesen la necesidad de pagarles ese favor con otro tipo de favor, la mayoría de las veces sexuales. Por eso las parejas sienten la necesidad de buscar los pies que más calientan, jugar con ellos bajo las sábanas hasta llegar a las piernas, las manos, la piel, los besos y terminar haciendo el amor por culpa de unos pies más calientes de cuenta. Como todas las leyendas que se cuentan por ahí es falsa. Anoche tuve ganas locas de meter mi cuerpo debajo de tus pies ardiendo. Era la contradicción de lo que siempre sucede: la mujer tiene los pies calientes para calentar al hombre. Y yo volvía a ser el agraciado con el primer premio. Ya no solo me tengo que sentir orgulloso de estar con la mujer más bella del universo, con la más inteligente de los últimos quinientos siglos, con la más simpática de la galaxia, ni con la que va a ser la mejor madre de la historia. Ahora además tengo debajo de las sábanas de la cama matrimonial a la mujer con los pies más calientes. Eran dos radiadores que me llenaron el cuerpo del calor que necesitaba para dormir. Mientras tu garganta se convertía en un puñado de alfileres que no te dejaban tragar ni un poco de saliva (además fui yo quien te pasé el dolor), mi cuerpo era como una manta eléctrica llena de agua caliente que se adormecía a cada pequeño roce de tus pies sobre los míos. Qué más puedo pedir a la vida si además de tener a la mujer más increíble, fantástica, guapa y maravillosa; tengo además una pequeña estufa particular que me calienta por las noches. Qué más te puedo pedir. ¡Cuántas cosas más me puedes dar, por Dios! Te quiero cada día más.

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