06/11/06
Las flores del parque ya empiezan a marchitarse. Esta mañana me costó más de la cuenta encontrar alguna que estuviera decente para ti. Me imagino que la época de las flores ya ha terminado, y que por mucho que todavía salgan de su capullo para lucirse, ya no pueden aguantar demasiado el frío de la mañana. Quizás también estén enfermas como yo y al no poder llegar a ser tan bellas como tú, se echan a perder y se les caen las flores y las hojas verdes en señal de protesta por no poder estar a tu nivel. Es lo que me pasa estando a tu lado. Me siento tan pequeño e indefenso que siempre te veo como mi salvación. Ya puedes estar enferma, tumbada en el sofá con fiebre y dolores en todo tu cuerpo, que yo siempre te veo sana y bella. Y mi cuerpo no tiene otro remedio que dejar caer unas cuantas de sus hojas y hacerse pequeño para que tu lo cuides. ¿No te has dado cuenta que siempre consigo ponerme más malo yo que tú? Solo es para sentirme arropado por ti. Por mucho que cada mañana sea yo el que tire del edredón y cubra tu cuerpo para que no pases frío, soy yo el que esta más malo; porque soy más débil y necesito tenerte siempre a mi lado. Eres mi cabeza (“has cogido la lotería para tus padres”); eres mi sonrisa (cuando encuentras esa forma de hacerme arrancar una sonrisa con uno de tus comentarios ingeniosos); eres mi seguro de vida (“no corras”, me dices cada mañana cuando me voy al trabajo). Eres eso y tantas otras cosas que ni yo ni las flores somos capaces de aguantar sanos demasiado tiempo sin sucumbir a tu encanto y belleza. Tu presencia nos arropa sin necesidad de un edredón, nos consuela y anima, nos hace ver la vida de la mejor manera, aunque disimules diciendo que te encuentras mal, siempre estás perfecta. Porque tú eres la perfección.

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