07/11/06
A veces me quedo mirando la pantalla del móvil y busco en la agenda tu nombre. Allí estás: Gemma Móvil. Recito de memoria el número de tu teléfono y me acuerdo del día que lo fuimos a comprar. Te acuerdas de lo grande que era nuestro primer móvil. De las llamadas interminables desde el baño de casa de mis padres. Ayer, cuando me llamaste y me metí en el lavabo, me acordé de aquellas llamadas kilométricas. Nos podíamos pasar horas pegados al teléfono. Me acuerdo de los primeros mensajes de texto, de lo que me gustaba (y me sigue gustando) escribirte: Te Quiero. De las veces que tenía que venir mi madre a decirme que era muy tarde y que mis hermanos ya estaban en la cama. También me acuerdo de aquella antena que salía en la punta del móvil y que se acabó comiendo Brus en sus primeras semanas en casa. Me acuerdo que dejé mi móvil encima de la mesita de noche, un día que estaban Olga y Rafa en casa, que nos fuimos a Barcelona y que al volver encontramos la punta de mi móvil mordisqueada por los primeros dientes de nuestro querido Brus. Quizás fuese ese día el que se acabó tragando mi anillo de boda.
Muchas veces miro la pantalla del móvil y me asusta la vibración de una llamada tuya. Me asusto una décima de segundo y luego me emociono. Es tan fácil pasar de un estado al otro si estoy contigo. Sigo teniendo miedo de perderte. Cada día del resto de mi vida lo tendré. Y me seguiré emocionando cada vez que esté a tu lado. Buscando en la agenda de los móviles que vengan a partir de ahora tu nombre y recitando de memoria el número que siempre será el tuyo: 696992506. Ese número sale disparado por las ondas del cielo y acaba alojado en tu móvil, que ya no es tan grande ni aparatoso como nuestro primer móvil compartido, pero que siempre será tu móvil.
Algo se mueve en mi bolsillo. Es la vibración de una llamada que me entra en el móvil. Eres tú. Ya sabes que: TE QUIERO.

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