10/11/06
Hoy hace 8 años que recibí tu primera llamada por teléfono. Era un miércoles frío de otoño cuando todavía el tiempo era de verdad. Pasaban pocos minutos de las 9 de la noche y mi madre me pasó el teléfono y me dijo que preguntaban por mí. El teléfono de casa de mis padres estaba en el mismo lugar que esta ahora, así que podrás imaginar en qué lugar estaba yo. Mis padres y mis hermanos estaban a punto de empezar a cenar una tortilla de patatas y una ensalada que había preparado mi madre. La televisión estaba encendida y repetía las noticias del día de la misma manera que pasa ahora en todas las cadenas. No existían muchas de las cosas que hoy conocemos. Ni yo tenía tantas cosas que me llenan como ahora, pero la tierra giraba a la misma velocidad que hoy. Bueno, quizás iba un poco más lento. Mi madre me pasó el auricular y yo le pregunté con la cara quién me llamaba. Ella ladeó un poco la cabeza dándome a entender que no te conocía, todavía. Agarré con fuerza el teléfono y dije “Sí”. Siempre digo sí cuando cojo el teléfono. Si hubiese sabido que eras tú te hubiera dicho que ya estaba enamorado de ti, que estaba loco y soñando por haber recibido tu llamada, pero al principio no supe quién eras y solo dije sí. Qué inútil fui. Luego escuché tu voz por primera vez a través del teléfono de casa de mis padres. Me dijiste quién eras y después de dar una vuelta en el aire de alucinación total, caí en la esperanza que la mujer de mi vida me estaba llamando a casa. Después pasaron más de treinta minutos enganchados al teléfono como dos amigos-amantes-enamorados que parecían conocerse de toda la vida. Fue la conversación más importante de mi vida. Ahora te lo digo porque sé que es verdad. Me sentí feliz y relajado escuchándote, hablando contigo y supe que lo que vi el viernes pasado en la discoteca no fue un espejismo. Eras mucho mejor de lo que había imaginado y me estabas llamando para ir a tomar algo. Quedamos para ese domingo en ir a tomar algo por algún sitio que tú conocías. Mis padres y hermanos seguían cenando y yo, al colgar el teléfono, sentí que acababa de empezar una nueva vida. Creo que no probé la tortilla, ni la ensalada. La televisión seguía funcionando, pero las noticias de ese día ya habían terminado. Me fui a la cama y miré al techo. La mejor noticia de mi vida acababa de suceder. La rubia de ojos azules, de cuerpo perfecto, la del ombligo y el culo que me habían vuelto loco el viernes 5 de noviembre acababa de llamarme para quedar conmigo. Creo que soñé contigo, pero la vida real, los ocho años que hacen hoy desde esa llamada han sido mucho mejores. Te quiero.

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