09/11/06
A veces ser egoísta tiene sus recompensas. Lo sé porque tengo la suerte de poder hablar más veces contigo. Sé que cuando estás sola en el despacho, sin que venga nadie, me llamarás a la hora del desayuno para comentar algo que te haya pasado. Si no estás sola ya tienes a la Pili para eso y para poner verde a los maridos y hombres en general. Pero si estás sola y sin trabajo puedo tener la oportunidad de oír tu voz más veces, y eso me encanta. Ya sé que en las circunstancias en las que ahora estás sola no es para alegrarse, ni quiero que tú estés mal solo porque yo pueda recibir alguna llamada o mensaje de móvil más. Ahora mismo escucho el sonido de un mensaje tuyo. Me dices que has vuelto a ir al lavabo, que tu dolor de cabeza te indica que vas a encontrarte con la Bruja Piruja y que seguramente me echas de menos, pero eso último no me lo escribes, aunque yo lo sienta como si me lo estuvieras diciendo. Soy egoísta en muchas cosas y sé que debería cambiar, pero no quiero dejar de ser egoísta cuando se trata de estar contigo, de hablar contigo o de estar a tu lado. Ahora mismo te llamo para ver si mi aspirina verbal puede solucionar la explosión de tu cabeza. Pero al descolgar el teléfono oigo tu voz que se rompe y me pide auxilio. Tú no puedes morirte nunca, no puedes estar mala por mi culpa. Soy tan egoísta que te he pasado mi resfriado solo para ti. Para la más bella princesa de ojos azules, con la voz rota y mi corazón desgarrado si no te tengo cerca. Esta noche te prepararé el mejor vaso de leche caliente con miel que nadie ha preparado a su amada. Solo para ti.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home