13/11/06
Tímidamente he buscado estas noches el roce de tu piel bajo el edredón. Tenía miedo de asustarte o de ser inoportuno en ese punto donde por fin alcanzas el sueño y algo te desvela. Por eso mantenía mis piernas doloridas al acecho de tu roce, por si se te ocurría buscar el calor no tan calurosos de mis pies. Miraba el techo oscuro y tragaba la poca saliva que me dejan tener los mocos en la garganta. Esperaba una señal de ánimos en ti y yo no sabía qué decirte para hacerte sonreír. Ya me di cuenta el sábado por la noche al regresar a casa. No era normal que no quisieras estar en La Maquinista ni diez minutos después de haber estado mucho tiempo sin pisarla. Tus ojos miraban los escaparates con tristeza y yo me moría de ganas de arrancar una estrella del cielo y decirte que el universo era solo para ti. O que se apareciese un árbol con flores mágicas que al olerlas hiciesen sonreír a mi princesa de ojos azules. No me gusta verte así. Prefiero que te metas conmigo, en broma, como solo tú sabes hacer; que me digas tus frases ingeniosas y que yo me quede sin réplicas a la segunda o tercera frase de contraataque por mi parte; porque nadie es capaz de superar tu inteligencia para hacer ese humor ácido y corrosivo que no duele y me hace sonreír. Me hubiese gustado saber qué decirte ayer por la tarde, cuando me senté a tu lado y apoyaste tu cabeza en mi pecho. No importaban las noticias atrasadas de los periódicos del sábado o el domingo. Lo importante era saber qué decirte para animarte, pero yo no soy especial como tú. Tú sabes qué decir a todo el mundo para que se anime aunque te encuentres mal o no estés pasando un buen momento de ánimos. Te necesito feliz. Ojalá estos malos días se vayan con los mocos pegados que no acaban de salir de tu pecho, o de la zona esa de la nariz, las orejas y la cabeza. Ojalá sean días malos que tienen que pasar para saborear los buenos, porque todavía nos quedan muchos días buenos que pasar juntos. Nos queda pasear con nuestra chinita, igual que hacía ese padre por el salón del hobby y darnos cuenta que la gente se gira para ver si es una chinita la hija que llevaremos con tanto orgullo sobre nuestros hombros. Igual que hacemos nosotros ahora, con envidia sana (la que no existe). La envidia que produciremos dentro de menos de un año con nuestra chinita paseando por todo los rincones del barrio, de cualquier ciudad del mundo. De cualquier estrella que te mereces tener solo para ti. Anímate mi princesa de ojos azules, que te necesito cada día más.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home